por Gary Elson

Glossolepis wanamensis es una especie que se transporta a varias direcciones y nosotros, como aficionados, podemos influir en cómo se mueve y hacia dónde se transporta.

Es probable que esta especie no sobreviva en la naturaleza. Está dentro de la lista roja de especies en peligro crítico de extinción y ya hace bastante tiempo que no se observa en su lago natal. Afortunadamente, sí se ha observado en alguna zona de la región del lago Wanam de Papúa Nueva Guinea, pero es posible que la incorporación de la tilapia africana como pescado para la alimentación haya acabado con su migración. Al introducir especies invasoras en hábitats, aunque sea por motivos aparentemente sensatos, en muchas ocasiones el equilibrio ecológico ancestral es incapaz de recuperarse. Los peces arcoíris no pueden competir contra el apetito insaciable de los cíclidos invasores, ni siquiera sobrevivir a él.

Por suerte, algunos se sacaron de su hábitat, tanto para el comercio de acuarios como para su conservación en una institución cerca de Australia. Como propietarios de acuarios, somos muy buenos en el cultivo y el cuidado de los peces, pero no siempre disponemos de los recursos para llevarlo a cabo a largo plazo.

Es por ello por lo que la especie G. wanamensis apenas permanece en nuestra afición, ya que está experimentando un gran y repentino incremento de su popularidad (y probablemente temporal). Durante muchos años, resultaba imposible encontrar esta especie fuera de los acuarios de un par de propietarios entusiastas. En un momento determinado, dediqué más de 20 años a localizar wanams que no fuesen híbridos. Hace poco escuché hablar de ellos como «peces arcoíris comunes».

¿Qué esconden?

La especie wanam resulta interesante si te gustan los colores sutiles y las formas inusuales. A primera vista, es posible que no percibas esta «belleza» de la que hablo. Cuando están estresados en un acuario, suelen cambiar de color a un gris apagado.

Llévatelos a casa y pensarás que cada pez son cinco diferentes. En función de su estado de ánimo, su posición y la disposición de tu acuario, el pez de color gris puede pasar a ser verde y, después, a un verde más intenso, por lo general, con distintos reflejos azules. El verde puede captar la luz y reflejar tonalidades amarillas. La línea espinal de los machos puede iluminarse en blanco, plateado o incluso verde fluorescente. Además, conforme el acuario se oscurece, pueden optar por adquirir un color negro. Si nunca has tenido peces arcoíris, la especie wanam es un buen comienzo.

Son peces inquietos y están mejor en un acuario de 100 cm de largo. Les gusta nadar y presumir. De hecho, sin capaces de convivir con otros peces más pequeños, a pesar de que un macho pueda alcanzar los 10 cm de largo. Tienen bocas pequeñas y siempre se acercan con facilidad a cualquier pez que no pretenda adelantarlos para conseguir comida. Les gusta comer y no se les da bien compartir la comida con sus lentos compañeros de acuario.

La naturaleza tranquila y alegre de esta especie la convierte en la especie perfecta para los espectadores. A pesar de que un pez arcoíris nunca se acercará a un cíclido procedente de la pluviselva para el cuidado de sus crías (depositan sus huevos y se olvidan de ellos), presentan estructuras sociales que son fáciles de entender. Es una ventaja añadida que, a menos que los encierres en acuarios pequeños, no se matarán entre ellos en el proceso de clasificación.

Cultivo

Es muy sencillo cultivar esta especie en peligro crítico de extinción. Todo depende de las decisiones que tomes. Si de verdad quieres cultivar crías, esta especie te ayudará a conseguirlo.

¿Les darás el espacio suficiente? ¿Ofrecerás a los alevines espacio para que crezcan? ¿Estás listo para capturar las piezas más pequeñas de comida para sus diminutos alevines de crecimiento lento?

En un acuario limpio y cálido (26 °C) de al menos 80 l, introduce parejas que hayan estado separadas y se hayan alimentado bien durante al menos una semana. Utiliza mopas para desove, un básico de la afición a los peces killi. No he visto nunca estos aparatos caseros a la venta, pero son muy fáciles de hacer. Enrolla la lana acrílica alrededor de un libro de tapa dura, anuda la parte superior, corta la inferior y añade algo para que flote. No tiene más. Las mopas acrílicas no son bonitas, pero a los peces arcoíris les encanta llenarlas de huevos adhesivos. Nos gusta poder sacarlos y ponerlos en incubadoras.

En mi caso, dejo los adultos cinco días dentro (cada cultivador utiliza técnicas diferentes en función de sus objetivos). No me interesa tener cientos de alevines porque, para mí, no deja de ser una afición y necesitan bastante espacio para crecer. Cultivar un par de ellos todos los veranos me permite compartir y conservar varios de estos longevos peces en mis acuarios.

Una semana después, aproximadamente, observarás pequeños alevines de color negro en la superficie. Es posible que te cueste verlos a la primera. Necesitas alimentos en polvo de la mejor calidad que floten. La disponibilidad puede variar de un país a otro. Es posible que pasen un par de semanas antes de que puedan ingerir artemias recién nacidas, el alimento básico de los peces reproductores.

Crecerán de forma lenta, pero con constancia. Los machos más bonitos pueden tardar dos años en adquirir la espectacular belleza que los caracteriza.

Se dice que un buen pescador debe tener paciencia para esperar a que el pez indicado pique el anzuelo. Un cuidador de peces arcoíris debe ser igual de paciente, ya que de las especies más populares para acuarios, no son muchas las que necesitan ese tiempo para alcanzar un tamaño de adulto como los de este grupo.

Entonces, ¿qué?

Me gusta tener grupos de wanams juntos y distribuirlos en diferentes acuarios. Ya he presenciado muchas veces los altibajos de la popularidad de los peces de acuario como para dar por sentado que podré volver a encontrar esta especie si dejo de cultivarla. Por ello, podemos hablar de una afición de «hoy aquí, mañana Dios dirá» cuando hablamos de peces especiales.

También pueden acabar «desapareciendo», incluso cuando creemos que son fáciles de encontrar. Glossolepis wanamensis es el resultado más característico de un largo proceso evolutivo. Como seres humanos, nos encanta jugar con este tipo de cosas y «mejorar» la obra de la naturaleza. Al pescarse por primera vez un pez, las piscifactorías, bien por error o de forma consciente, comenzaron a cruzarlos de la misma forma con especies afines y distintas. Como resultado, las nuevas especies obtenidas dejaron de ser especies naturales y pasaron a ser «mezclas». Se vendieron con el nombre de wanamensis porque se sabía que era una especie deseada por los entusiastas de los peces arcoíris.

Yo no sé tú, pero yo prefiero disfrutar de las creaciones de la naturaleza y no ver cómo los aficionados nos cargamos estas maravillas naturales haciendo experimentos. Al hablar de una especie que probablemente se haya extinguido, como la G. Wanamensis, no es posible volver a los inicios si ya los hemos traspasado. No es posible hacer que vuelva.

La acuariofilia no puede salvar el planeta, pero puede enseñarnos lo maravillosa que es la diversidad del planeta. Si apoyamos el cultivo ético de especies de acuario y, tal vez, nos involucramos un poco más en las especies sin hábitat, podremos seguir aprendiendo. Es de agradecer que podamos formar parte de un proceso tan magnífico como es la conservación de una especie tan bonita como el pez arcoíris del lago Wanam.

Me gustaría dar las gracias a Dave Pauls y a Lori Syrjala por compartir esta información que me ha ayudado a conocer mejor a esta preciosa especie.